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1.1-¿Qué es Cuaresma?


El tiempo de Cuaresma se inicia el Miércoles de Ceniza y se prolonga durante los cuarenta días previos a la fiesta de Pascua hasta el Jueves Santo, excluyendo la Misa de la Cena del Señor.

• Cuarenta años esperó Israel en el desierto para poder entrar en la tierra prometida.

• Cuarenta días aguardó Moisés la manifestación de Dios en el Monte Sinaí.

• Cuarenta días ayunó Jesucristo en el desierto aguardando la fortaleza del Espíritu para cumplir su difícil misión.

La Cuaresma es un propicio para que los cristianos renovemos nuestro espíritu de adhesión a Jesucristo muerto y resucitado y nos guiemos por el camino de una profunda y progresiva reflexión. Así, todos juntos hemos de prepararnos para la gran Celebración de la Pascua del Señor, liturgia central del año litúrgico.


¿Cómo vivir la Cuaresma?

Lo normal sería que todos los cristianos estuvieran interesados en participar activamente en su comunidad para vivir este tiempo con especial intensidad. Lamentablemente para muchos, especialmente para los más jóvenes, no pasa de ser un periodo más de la Iglesia en que los conceptos de penitencia, ayuno o austeridad, propios de la Cuaresma, no les dice casi nada.

El desafío para los pastores, equipos litúrgicos y catequistas se ve interesante, ya que hemos de esforzarnos para que los fieles conozcan la razón de ser de la cuaresma y puedan aprovechar este tiempo de salvación para vivir con alegría desbordante la fiesta de Pascua. En este sentido, es conveniente recordar a los cristianos, a quienes se esfuerzan por vivir con fe, que la cuaresma tiene especial importancia dentro del ciclo litúrgico ya que la festividad de Pascua, necesita una seria preparación para unirnos a la Resurrección de Cristo. *

El canto en Cuaresma

Es el gran tiempo penitencial de la Iglesia, los cuarenta días de conversión y purificación interior que nos preparan a la mayor fiesta cristiana del año, la Pascua.

Comienza el Miércoles de cenizas. Son días de escucha atenta de la Palabra de Dios que nos vuelve a llamar a un cambio de vida según el Evangelio de Jesús.

Desde el miércoles de cenizas hasta la vigilia pascual no cantamos el Aleluya, porque ese canto es la expresión del gozo de la resurrección; lo reservamos para la noche de Pascua. El Gloria tampoco se reza ni canta en todo ese tiempo, excepto en la misa del Jueves Santo. Pero la Cuaresma no es un tiempo triste, sino más bien un tiempo recogido, de meditación, que es el ambiente que nos permite estar atentos a la Palabra, reflexionar sobre nuestra vida y dar pasos de conversión. Los cantos de la eucaristía deberían favorecer la atmósfera de recogimiento y conversión personal y comunitaria que caracterizan este tiempo litúrgico. **

* Extractado del texto “Animación Litúrgica 2” de Eduardo Cáceres Contreras.
** Boletín Conali 2005


La Cuaresma, tiempo de conversión

El Miércoles de Ceniza (el día siguiente al Martes de Carnaval) comienza el tiempo litúrgico llamado Cuaresma. Se trata de un tiempo fuerte de oración, penitencia y conversión, que sirve como preparación para las festividades de la Semana Santa y en particular para la Pascua de Resurrección, la mayor fiesta del año litúrgico.
La Cuaresma debe su nombre a su duración: 40 días que van del Miércoles de Ceniza al Domingo de Ramos (día de comienzo de la Semana Santa).

El número 40 tiene en la Biblia un importante significado simbólico: recuerda los 40 años de peregrinación del pueblo de Israel en el desierto del Sinaí, en camino hacia la Tierra Prometida; y recuerda también los 40 días y 40 noches que Jesús, después de su Bautismo, pasó en el desierto, ayunando y rezando a Dios, su Padre, a fin de prepararse para iniciar su misión de salvación.

La Cuaresma, por lo tanto, tiene relación con el desierto, ese lugar solitario y silencioso que invita a la introspección y simboliza la posibilidad y la necesidad que el ser humano tiene de escuchar la voz de Dios en lo profundo de su alma y de recibir en su corazón el amor de Dios. Para que la persona humana pueda dar un sentido absoluto a su vida es necesario que tenga un encuentro con Dios.

Para que el cristiano pueda conservar y alimentar su fe debe mantener un diálogo perseverante con el Señor en la oración. Este diálogo se fortalece por medio de la atenta escucha de la Palabra de Dios, la cual nos interpela y cuestiona nuestra forma de vida.

La Cuaresma es un tiempo propicio para realizar un buen examen de conciencia, analizando qué cosas deben cambiar en nuestras vidas para que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios. En este tiempo la Iglesia nos recuerda con particular insistencia la llamada de Cristo a una conversión pronta y radical: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca: convertíos y creed en la Buena Nueva."

Esta llamada (vocación) a la santidad y a la unidad con Dios ha sido recibida por cada cristiano en el sacramento del Bautismo. Esta vocación permanente es actualizada por medio de cada sacramento, en particular el sacramento de la Reconciliación, el cual, por la infinita misericordia divina, restaura la amistad con Dios, deteriorada o perdida por el pecado.

El ayuno que los católicos practicamos el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo y nuestra abstinencia de carne en los viernes de Cuaresma y el Viernes Santo son actos penitenciales. Su sentido es confirmar, mediante actos visibles, la voluntad interior de conversión a una vida de amor, que implica la renuncia al egoísmo y al mundo material entendido como un fin en sí mismo. Estos actos de sacrificio, lamentablemente poco comprendidos hoy en día, no deben transformarse en ritos vacíos. Sabemos con cuánta dureza los profetas de Israel y el mismo Jesucristo rechazaron la falsedad de una religión meramente externa, legalista y ritualista.

Vivamos pues la Cuaresma como un renovador encuentro con el Espíritu de Dios que nos santifica. Vivámosla con alegría, porque en ella la Iglesia nos anuncia una vez más la Buena Noticia del amor del Padre, manifestado en la persona de su Hijo Jesucristo y muy especialmente en su Pasión, Muerte y Resurrección. Y, abriendo nuestros corazones a la gracia de Dios, quien hace nuevas todas las cosas, convirtámonos en tierra apta para recibir y hacer crecer la semilla del Reino de Dios, produciendo abundantes frutos de justicia, unidad y paz.

LM

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