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Día 26 "Viviendo la Cuaresma con sentido"

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
 - CUARTO DOMINGO DE CUARESMA



ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?

MEDITACIÓN DE LA MAÑANA

Adoremos la ternura de Jesucristo con los pueblos que le siguen en el desierto: su corazón dulcísimo se conmueve al ver sus necesidades y las remedia de una manera verdaderamente milagrosa. Adoremos su bondad, que se muestra más grande aún en la institución del pan eucarístico que alimenta nuestras almas. ¡Oh! ¡Cuán digna es de nuestras alabanzas y de nuestro amor tanta bondad!

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
+ EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6, 1-15)


En aquel tiempo, pasó Jesús al otro lado del mar de Galilea, que es el lago de Tiberíades y, como le siguiese una muchedumbre de gentes porque veían los milagros que hacía con los enfermos, subióse a un monte y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, que es la gran fiesta de los judíos. Habiendo pues Jesús levantado los ojos y viendo venir hacia Sí a un grandísimo gentío, dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos panes para dar de comer a toda esa gente?” Mas esto lo decía para probarle, pues bien sabía El mismo lo que había de hacer. Respondióle Felipe: “Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno de ellos tome un bocado”.

Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: “Aquí está un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; mas ¿qué es esto para tanta gente?” Pero Jesús dijo: “Haced sentar a esas gentes”. El sitio estaba cubierto de hierba. Sentáronse, pues, al pie de cinco mil hombres. Jesús entonces tornó los panes y, después de haber dado gracias a su Eterno Padre, repartiólos por medio de sus discípulos entre los que estaban sentados, y lo mismo hizo con los peces, dando a todos cuanto querían.

 Después que quedaron saciados, dijo a sus discípulos: “Recoged los pedazos que han sobrado, para que no se pierdan”. Hiciéronlo así y llenaron doce cestos de los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Visto el milagro que Jesús había hecho, decían aquellos hombres: “Este, sin duda, es el gran Profeta que ha de venir al mundo”. Por cual, conociendo Jesús que había de venir para llevársele por fuerza y levantarle por rey, huyó Él solo otra vez al monte.


PUNTO PRIMERO
 - BONDAD DE NUESTRO SEÑOR EN LA MULTIPLICACIÓN DEL PAN QUE ALIMENTA EL CUERPO

Es, sin duda, un gran milagro multiplicar cinco panes y dos peces, hasta satisfacer a cinco mil hombres y llenar todavía doce cestos con las sobras. Todo el pueblo, testigo de tal prodigio, tenía razón para querer proclamar rey al autor de semejante maravilla y llegarse a él para no separarse jamás de su lado.

Pero todos los días Jesús renueva y continuará hasta el fin de los siglos renovando un milagro mucho más sorprendente: La multiplicación anual de los granos y de los frutos, hasta hacerlos bastar al alimento de todo el género humano y darle, no solamente lo necesario, sino lo útil, y lo agradable; acción divina que, cada año, hace germinar las semillas, las hace crecer y madurar de manera que provean a todas las necesidades en todos los puntos del globo.

Este brillante milagro apenas es notado por los hombres ingratos. Muy pocos dan gracias a Dios por él con verdadera efusión. Muchos llegan aun a servirse de sus favores para ofenderle. Y, sin embargo, ¡Oh prodigio! Tanta ingratitud no debilita su amor, porque siempre derrama su rocío y su calor sobre el campo del pecador y sobre la propiedad del justo. ¡Oh! ¡Cuán bueno es Dios! ¡Cómo cuida de los suyos! ¡Cuán justo es amarle, bendecirle y darle gracias continuamente!

PUNTO SEGUNDO
 - BONDAD DE NUESTRO SEÑOR EN LA MULTIPLICACIÓN DEL PAN EUCARÍSTICO QUE ALIMENTA EL ALMA


Hay, en este solo hecho, un mundo de milagros. Aquí Jesucristo multiplica su presencia en tantos puntos como altares hay en que el sacerdote celebra el sacrificio; en tantas hostias, cuantas se contienen en todas las custodias del mundo; en tantas partículas como encierra cada hostia. Aquí Jesucristo se encuentra siempre presente y continúa, después del sacrificio, despreciado, solitario, desconocido, abandonado, abrumado de irreverencias, de profanaciones, de ultrajes y, en medio de todo esto, ruega y se inmola por los hombres que corresponden tan mal a su amor.

Se deja distribuir como alimento a todos los que se presentan, aun a los más indignos; se deja llevar a los enfermos que desean recibirlo; hasta en la más humilde cabaña. Acoge a todo el que desea hablarle, llama a los afligidos para consolarlos, a los débiles para sostenerlos, y no hay un momento del día o de la noche en que no se considere feliz con dar audiencias.

Pone sus gracias a disposición del que quiera recibirlas, y todo el que recurre a Él puede decirle como Job: “Nada temo mientras estoy cerca de Vos”. ¿Puede el amor ir más lejos? Y en presencia de estos milagros, ¿qué debe hacer el corazón, sino amar y alabar al Dios que tanto ha amado a los hombres, y qué partido debe tomar, sino el de recibirle a menudo y piadosamente? Si su deseo es darse a nosotros, nuestro supremo deseo sea también darnos a Él.

ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


Día 26". CUARTO DOMINGO.

Dolor de los pecados. ¿Qué crimen tan brutal ha cometido este hombre, que ha tenido que pagarlo con una muerte tan horrorosa? ?Preguntó un mahometano a un sacerdote refiriéndose a un crucifijo que tenía en la mesa. - Él no cometió ningún crimen -respondió éste?; era completamente inocente.

- Pues, ¿Quién lo clavó en este madero?

- Fuimos nosotros los hombres quienes lo hicimos con nuestros pecados ?exclamó con tristeza el sacerdote.

- Ahora comprendo - añadió lleno de compasión el mahometano? por qué tienes siempre la imagen del crucificado.

¿Has pensado alguna vez que el pecado supone volver a crucificar al Señor? El Señor espera, una vez que nos ha redimido, que le amemos con obras. Y amar a Dios supone también decirle muchas veces: ¡lo siento! Procura, cuando vayas a preparar tu confesión, pedir mucho perdón a Jesús por los pecados, y también pídele que te dé dolor por ellos, dolor de amor.

Si tienes a mano un crucifijo ahora, pue des hablar con Jesús en la Cruz comentando esto; Jesús, que no me acostumbre a verte crucificado; cada vez que vea un crucifijo trataré de acordarme de decirte: ¡Te amo!

Coméntale a Dios con tus palabras algo de lo que has leído. Después termina con la oración final

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