GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO

Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA



SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger

Día 27 "Viviendo la Cuaresma con sentido"

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
 - LUNES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA

Propósito

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?


MEDITACIÓN DE LA MAÑANA


Adoremos a nuestro Señor Jesucristo cubierto de llagas y clavado en la cruz por nuestros pecados. Nuestros crímenes son sus verdugos, y nosotros somos sus asesinos. ¡Oh Dios víctima! Yo os adoro y os amo; y lloro mi soberbia, que te ha coronado de espinas, mi tibieza, que ha despedazado vuestros miembros; mi amor a la independencia, que os ha llevado a la cruz.
¡Oh divino sacrificado! Formad en mi corazón el odio al pecado, mal tan grande que sólo pudo ser reparado por vuestra muerte, y hacedme comprender los males que pecando me he ocasionado.

PUNTO PRIMERO 
- MALES QUE NOS CAUSA EL PECADO VENIAL


No se podría decir cuánto mal nos hace el pecado venial. Si no ha sido expiado, en la otra vida retardará para nosotros por largos años quizás los goces del paraíso y nos costará terribles castigos. Aun después de haber sido expiado, nos privará por toda la eternidad del grado de gloria y felicidad a que nos hubiera elevado el acto de la virtud contraria. En esta vida enfría la amistad de Dios y disminuye sus gracias, que tan necesarias son a nuestra debilidad; disminuye en nosotros la fe y el sentimiento de las verdades eternas, arranca del alma el tierno gusto de la piedad, el goce del Espíritu Santo y las delicias de la inocencia; el pecado debilita la voluntad, la inclina poco a poco hacia el mal, ahoga el remordimiento, disipa la vigilancia, y por allí conduce a las grandes caídas, que nunca son otra cosa que la consecuencia de una serie de relajamientos.

En fin, cuando se ha convertido en costumbre, reduce al alma a un estado peor en cierto modo que la muerte, a la tibieza. Porque ese horrible estado tiene por carácter fundamental el hábito de los pecados veniales. Santa Teresa misma nos dice que Dios le hizo ver un día el lugar que ella habría ocupado en el infierno si hubiera cedido a una tentación de vanidad y no se hubiera apartado de ciertos peligros. ¡Oh Dios mío! ¡Cuán funesto nos es el pecado venial! ¡Y, sin embargo, lo temo tan poco y lo cometo tan fácilmente! ¡Oh Señor, inspiradme un constante horror a él!

PUNTO SEGUNDO -
 MALES QUE PRODUCE EL PECADO MORTAL


1º NOS QUITA LA AMISTAD DE DIOS Y NOS DEJA SU ODIO. Antes de caer, éramos hijos amados de Dios, templo suyo y objeto de sus complacencias. Elevábamos al cielo nuestras miradas llenas de confianza y veíamos en Él a un Padre que sólo tenía para nosotros pensamientos de bondad y de amor. Pero, cometido el pecado, ¡Cómo cambia nuestra suerte y qué desdichados somos! Esclavos del demonio, hijos de ira y objetos de maldición, si no nos convertimos, no hay ya para nosotros en el cielo más que un Juez severo cuyo rayo nos amenaza.
¡Ay! Por muy poco que reflexionemos, nos encontraremos bien desgraciados bajo el peso de este pensamiento: “¡Yo he merecido el odio de Dios!”

 2º EL PECADO NOS QUITA LA PAZ DEL CORAZÓN Y NOS DEJA EL REMORDIMIENTO. Cuando éramos inocentes, éramos felices; la calma reinaba en nuestro interior y una alegría amable y dulce reflejaba en el exterior la dicha de un corazón puro. Pero, con el pecado, la paz desapareció y dio lugar a la turbación, al remordimiento, a la inquietud, a la agitación de la conciencia, que se revuelve en todo sentido y sólo encuentra padecimientos. Porque Vos, ¡oh Señor!, nos habéis hecho para Vos, y fuera de Vos no hay paz ni felicidad.

 3° EL PECADO NOS QUITA TODOS NUESTROS MÉRITOS Y NOS DEJA LA DESNUDEZ Y LA INDIGENCIA. Aun cuando un hombre hubiera vivido sesenta siglos y merecido a cada momento tanto como todos los santos juntos, un solo pecado mortal lo destruye todo, arranca al alma todos sus méritos, y la hace incapaz de merecer nada nuevamente, mientras esté bajo su imperio.

4º EL PECADO NOS PRIVA DEL CIELO Y NOS DEJA EL INFIERNO. Mientras estemos en pecado, no pretendamos ir a los bellos tronos en que debíamos sentarnos, ni aspiremos a las coronas que debían ceñir nuestras frentes, ni a la sociedad encantadora de los ángeles y santos, de María y de la humanidad santa de Jesucristo, ni a la posesión de Dios. El infierno es lo único que nos queda. Los demonios están pidiendo a Dios que les permita precipitar en él al pecador. ¡Qué situación, gran Dios! ¡No estoy más que a un paso del infierno! ¿No resuena para mí el trueno?
¡Oh! ¡Cuán temerario e imprudente soy! ¡Perdón, Dios mío, y misericordia! Deploro mis pecados y los detesto con todo mi corazón.


— Tomaremos en seguida las resoluciones siguientes: 
1º De tener horror a las menores faltas y humillarnos profundamente ante Dios por haber cometido tantos pecados en el curso de nuestra vida;
2° De huir de la menor ocasión del pecado más que de la peste, desconfiar de nosotros mismos, velar y rogar para no caer en él en lo porvenir. Reservaremos como ramillete espiritual las palabras del publicano:
 “¡Oh Dios, tened piedad de mí, que soy un pecador!”

Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.

ORACIÓN FINAL


No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Día 27º. CUARTO LUNES.


No aceptar un "no". "En septiembre de 1980 cuenta la Madre Teresa de Calcuta?, estuve en el Berlín Oriental, donde íbamos a abrir nuestra primera casa en un país bajo gobierno comunista. Llegué de Berlín Occidental con una hermana que debía quedarse allí para iniciar la labor.

Habíamos solicitado el correspondiente visado, pero como no nos lo habían concedido todavía, le dijeron que sólo podría permanecer en el Berlín Oriental durante 24 horas; son muy estrictos en eso... Así pues, nos pusimos a rezar "Acordaos" a la Virgen, y al cabo de un rato, sonó el teléfono; no había nada que hacer: la hermana tendría que volverse conmigo...

 Pero como nunca aceptamos un "no" por respuesta, seguimos rezando y, al octavo "Acordaos", volvió a sonar el teléfono, lo cogí y una voz dijo: "Enhorabuena. Le han concedido el visado. Puede quedarse..." Le habían concedido un visado de seis meses, lo mismo que a otras hermanas. Al día siguiente, regresé a Berlín Occidental, dándole gracias a la Virgen".

Madre mía, auméntame la fe, y que me dé cuenta de que las cosas que son para bien de Dios o de los demás, el "no" quiere decir "sigue rezando",? Tú siempre nos escuchas.

Continúa hablándole a Dios con tus palabras

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified