GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO

Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA



SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger

Día 7-"Viviendo la Cuaresma con sentido"

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - 
MARTES DE LA PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

Propósito

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.

PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.

Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?

MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
d

Adoremos a Nuestro Señor bajo el amable y bello título de Médico de nuestras almas.
Él es quien, por el sacramento de la Penitencia, cura lodos nuestros males, haciéndonos un baño saludable con su preciosa Sangre, donde lava nuestras manchas y nos devuelve la belleza de la primera inocencia.

¡Oh! ¡Qué bien merece toda nuestra gratitud por tan gran beneficio! ¡Qué bondad haber hecho de su sangre un remedio para nuestros males!


Pecado. Siempre que hablo del pecado, sobre todo del pecado mortal, viene a mi mente el triste recuerdo de una tragedia que presencié un día. Un niño de unos tres años corría por el césped del jardín de su casa, perseguido por su madre: "¡Ven aquí, Jimmy!", gritaba ésta. "¡No atravieses el seto!". Pero Jimmy no le hizo ningún caso. Traspasó el seto y sorteó hábilmente los automóviles estacionados en la calzada, hasta que un coche que pasaba le lanzó por los aires. Su cuerpecillo roto fue a caer casi en brazos de su madre.

Dejando aparte el hecho de que Jimmy era demasiado joven para responder de sus actos, la escena recuerda mucho la actitud de Dios con los pecadores. "¡Ven aquí, ven aquí!", grita ansiosamente, con su gracia, cuando un alma corre hacia el pecado. Pero el pecador, ajeno a todo lo que no sea su deseo, hace oídos sordos a la voz de Dios y sale voluntariamente al encuentro de la muerte. La estupidez es un elemento siempre presente en el pecado.

Señor, no quiero ofenderte, pero a veces me olvido de Ti y, cuando llega el momento me vence la estupidez. Perdona, Señor, desde ahora con tu gracia odiaré el pecado, también los pequeños, y te pediré perdón por ellos en la confesión.

Coméntale a Dios con tus palabras algo de lo que has leído.

PUNTO PRIMERO - 
EXCELENCIA DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

En este sacramento hay un poder admirable. Los judíos decían: "¿Quién sino Dios solamente puede perdonar los pecados?" Y tenían razón, porque sólo Dios puede disponer de sus derechos y perdonar la ofensa que le ha sido hecha. Sin embargo, ved cómo con tres palabras: "Yo te absuelvo", ejerce el sacerdote un poder tan sobrehumano: con estas pocas palabras perdona a un alma todos sus pecados, por enormes, por numerosos que puedan ser. Arroja de ella al demonio, la reconcilia con Dios, la adorna con el vestido nupcial de la caridad, la devuelve los méritos de sus buenas obras, la restablece en su derecho a la vida eterna y hace que vuelva Dios allá mismo de donde el pecado le había desterrado. Dios, vuelto al alma, la fortifica contra la recaída, la preserva si coopera a la gracia y con frecuencia le hace gustar una paz y un consuelo delicioso, hasta poder decir: "Seré pura delante de sus ojos y me guardaré de mi mala inclinación". 2° Tanto brilla el poder en este sacramento, otro tanto resplandece en él la caridad.

En efecto, ¿No es una maravilla inefable de caridad, el que Dios, después de haber sido ofendido por el hombre, haya establecido en su Iglesia un tribunal, no para condenar y castigar, sino para perdonar; un tribunal todo de misericordia, donde no es admitido otro acusador, ni otro testigo que el mismo culpable, donde el arrepentimiento obtiene el perdón, y un perdón acompañado de lo que se había perdido por el pecado, del gozo de la buena conciencia, de los derechos al cielo reconquistados, de los títulos de amigo e hijo de Dios?

¿No es cosa maravillosa el que Jesucristo haya hecho un baño sagrado de su preciosa sangre, donde el alma se purifica y recobra la belleza de la inocencia; un tesoro inagotable de méritos y de gracias que la afirman en el bien, la disponen a las virtudes y la aseguran en el cielo, si persevera, un nuevo aumento de felicidad y de gloria? ¿No es cosa maravillosa, en fin, el que la confesión, por los actos que la acompañan, traiga tanto bien al alma? El examen la enseña a conocerse, la contrición la hace detestar las faltas pasadas, el propósito firme la hace entrar en un camino mejor, y la absolución le da la gracia para andar en este nuevo camino.

Entremos aquí en nosotros mismos y veamos si hemos amado y apreciado el Sacramento de la Penitencia como debemos, o si nos hemos acercado a él con una especie de violencia y de repugnancia, de desagrado y de tristeza, o por rutina y costumbre.


PUNTO SEGUNDO - 
IMPORTANCIA DE RECIBIR BIEN EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

Nada más grave y digno de nuestra atención que la manera de confesarse, pues de esto depende la vida o la muerte, el cielo o el infierno. "La confesión bien hecha es una fuente de gracia: hecha por rutina, sin contrición de las faltas, o sin propósito firme de enmendarse, se convierte en pecado", dice San Bernardo. ¡Qué desgracia, que el remedio del pecado se convierta en otro pecado, que saquemos la muerte de la misma fuente de la vida y que la sangre de Jesucristo caiga sobre nosotros como sobre los judíos, para nuestra perdición y reprobación! Sin embargo, ¡Bien doloroso es pensarlo! Una desgracia tan grande no es tan rara como se cree.

Es la desgracia de todos los que se familiarizan con este gran Sacramento; porque, perdiendo de vista las altas ideas que la fe nos da, se confiesa de carretilla, por costumbre y por cumplir con el expediente, sin un examen serio de su conciencia, sin dolor y propósito firme, sin ningún impulso de gracia y de arrepentimiento sobre la molicie de sus costumbres, sobre su tibieza y cobardía; siempre reconciliados, jamás son penitentes; rezando siempre la misma fórmula, jamás lloran sus extravíos; declarando siempre lo que pesa más en su conciencia, jamás renuncian a la voluntad propia, a su carácter difícil, a su vanidad y amor propio, al fondo de indolencia y de pereza y al prurito de buscar sus gustos y sensualidades, en fin, a todas esas pasiones que son el principio de sus faltas.
Examinemos si damos a la manera de confesarnos la grande importancia que merece esta acción.


— En seguida tomaremos la resolución: 
1° De agradecer con frecuencia a Nuestro Señor, por piadosas aspiraciones, esta admirable institución; 2° De prepararnos mejor a nuestras confesiones. Nuestro ramillete espiritual serán las mismas palabras de la institución del sacramento de la Penitencia: "Serán perdonados los pecados a aquellos a quienes vosotros se los perdonareis, y retenidos a quienes vosotros se los retuviereis".

Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.

ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified