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Día 8- "Viviendo la Cuaresma con sentido"

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA -
 MIÉRCOLES DE LA PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

Propósito




MEDITACIÓN DE LA MAÑANA

1° Adoremos a Nuestro Señor que, para hacernos comprender la importancia del examen de conciencia, nos enseña por sus santos que el hacerlo bien es la señal de los escogidos, y descuidarlo es el carácter de los réprobos.
2º Agradezcámosle un aviso tan útil, y en vista de esto tributémosle toda suerte de homenajes.
    






PUNTO PRIMERO - 

IMPORTANCIA DEL EXAMEN DIARIO DE CONCIENCIA 

Todos los Santos y maestros de la vida espiritual están contestes en presentarnos el examen diario de la conciencia como el medio más eficaz de corregir los defectos y de adelantar en la virtud. Aun los filósofos paganos prescribían a sus discípulos que se examinaran cada día sobre estos tres puntos:
¿Qué he hecho; cómo lo he hecho; qué he dejado de hacer?

Es que, efectivamente, sin este examen bien hecho cada día, no nos conocemos. Hay en nosotros vicios tan disfrazados, desarreglos tan ocultos, desórdenes tan sutiles, que no se conocen sino a fuerza de serias reflexiones. El alma que no se examina, o que se examina mal, es como una viña descuidada que, por falta de cultivo, se cubre de abrojos y espinas; o como el comerciante que, por no tomarse cada día cuenta de sus negocios, deja empeorar su fortuna sin sospecharlo.

Por falta de examen, los vicios crecen en el alma y las virtudes desaparecen; sin que se note, el estado de la conciencia va siempre empeorando; y es tal la ignorancia de sí mismo en que se está, que ni aun se sospecha. El alma desfallece, pierde su fuerza, ya no se pone en guardia contra las tentaciones y las ocasiones peligrosas, y, en este estado, corre a su perdición. Con el examen diario, al contrario, se notan las faltas y se las repara.

 Cada noche puede uno decir: "Hoy he cometido tal falta, mañana me corregiré; observo en mi corazón tal inclinación mala y voy a combatirla". Cada día dice: "Esta noche tengo que darme cuenta del empleo de mi tiempo, de mi fidelidad a la gracia", y este pensamiento aviva la vigilancia, excita la atención e impide formarse los malos hábitos. Además, la vista de las propias miserias, que el examen diario pone continuamente delante de los ojos, conserva la humildad, aleja la presunción, dispone a confesarse bien, por un conocimiento más claro de las faltas. En fin, el examen diario, cuando va acompañado de la contrición perfecta, como debe ir siempre, pone al alma al abrigo del peligro de una muerte súbita o imprevista, puesto que la contrición suple al Sacramento cuando no se le puede recibir. Examinemos si damos a este ejercicio toda la importancia que merece y si todos los días lo hacemos a una hora determinada.
 


PUNTO SEGUNDO -
 IMPORTANCIA DEL EXAMEN DE CONCIENCIA ANTES DE LA CONFESIÓN 
 
De aquí depende una Confesión santa o una Confesión sacrílega. Si por una falta notable de examen se omite en la acusación un solo pecado mortal, la confesión es sacrílega y la absolución nula: ¿qué cosa más grave? Si al contrario, en cada Confesión, el examen se hace como es debido, la confesión purifica el alma por lo pasado y la hace fuerte para el porvenir. ¿Hay algo más consolador?

 Sin embargo, ¡Cuántas veces nos sucede que hacemos este examen a la ligera, nos contentamos con una mirada rápida, echada como de paso sobre el tiempo transcurrido desde la última Confesión! Pensemos en esto seriamente. La cosa es de lo más grave: DE AQUÍ DEPENDE NUESTRA ETERNIDAD.

 En seguida tomaremos la resolución: 
1º De hacer exactamente, todas las noches, nuestro examen de conciencia;
 2° De poner un especial cuidado para examinarnos bien antes de la Confesión. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras del Salmista: “Examinando mis caminos es como me he convertido a vuestra santa ley”.


Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962


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