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Día 40 "Viviendo la Cuaresma con sentido"


MEDITACIONES PARA LA CUARESMA 
- SEGUNDO DOMINGO DE PASIÓN (DOMINGO DE RAMOS)



ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.
PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.
Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡ Tuyo soy, para ti nací ! ¿qué quieres, Señor, de mí?



MEDITACIÓN DE LA MAÑANA

Transportémonos en espíritu delante del Salvador, cuando entraba en triunfo a Jerusalén; juntémonos al pueblo que le aclama y digámosle con él: “¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor!”

Día 40º. DOMINGO DE RAMOS.

Es necesario dar Gloria a Dios. Los discípulos "trajeron la borrica y el pollino, y pusieron sobre ellos los mantos, y encima de ellos montó Jesús. La mayor parte de la gente desplegaban sus mantos por el camino, mientras que otros, cortando ramas de árboles, los extendían por la calzada. La multitud que le precedía y la que le seguía gritaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del señor! ¡Hosanna en las alturas!" (Mt 21, 7?9).

¡Cómo alaban a Dios! Alabar a una persona es decirle, ¡qué bien has hecho esto!; o qué buen amigo eres; o alguna otra afirmación por el estilo.

Alabar significa que se reconoce algo bueno como bueno; que se valora, y que se dice a quien lo ha hecho o a quien pertenece. Esto es un gozo para quien lo escucha y para quien lo dice (si lo dice sinceramente, y no para sacar algún beneficio).

Alabar a Dios es una obligación para toda criatura. Es bueno que alabes muchas veces a Dios: que le digas lo bueno que es, que agradezcas lo bien que ha hecho esto o aquello, la belleza del mundo, etc. Y que cuando reces el gloria, lo hagas con esta intención.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en un principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén

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SEGUNDO DOMINGO DE PASIÓN (DOMINGO DE RAMOS)

+ EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (21, 1-9)
En aquel tiempo, acercándose a Jerusalén, luego que llegaron a la vista de la Betfagé, al pie del monte de los Olivos, despachó Jesús a dos discípulos diciéndoles: “Id a esa aldea, que se ve enfrente de vosotros, y sin más diligencia, encontraréis un asna atada y su pollino con ella; desatadlos y traédmelos; y si alguno os dijere algo, respondedle que los ha menester el Señor, y al punto os lo dejarán llevar”. Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que dijo el profeta: “Decid a la hija de Sion: ‘Mira que viene a ti tu Rey, lleno de mansedumbre, sentado sobre un asna y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo’”. Idos los discípulos, hicieron lo que Jesús les mandó. Y trajeron el asna y su pollino, y los aparejaron, con sus vestidos, y le hicieron sentar encima. Y una gran muchedumbre de gente tendía por el suelo sus vestidos; otros cortaban ramas u hojas de los árboles y las ponían por donde había de pasar, y tanto la gente que iba delante como la que venía detrás clamaba diciendo: “¡Hosanna, salud y gloria al hijo de David; bendito sea el que viene en nombre del Señor; hosanna en lo más alto de los cielos!”.


PUNTO PRIMERO
- ¿POR QUE JESÚS ENTRO TRIUNFANTE EN JERUSALÉN?

Es un hecho bien extraño que Nuestro Señor, que toda la vida había huido de la gloria y del brillo para ocultarse en la oscuridad, acepte los honores de un triunfo con todas las demostraciones de estimación pública, y esto en la víspera de su muerte, cuando sabía que iba a ser crucificado. ¿De dónde viene esta diferencia de conducta? ¿Por qué acepta hoy lo que siempre ha rehusado? Lo hace así:

1º PARA MOSTRARNOS CUÁNTO AMA LA VOLUNTAD DE SU PADRE. Toda su vida, empleada en agradarle, había sido, sin duda, un brillante homenaje rendido a su voluntad adorable; pero para una ocasión solemne de llevar hasta el más sublime heroísmo este perfecto amor, su Padre le pide el sacrificio de su libertad, de su honor, de su vida. “¡Oh Padre mío!, vedme aquí —exclama— vengo a cumplir vuestras órdenes, vengo, no con la paciencia que se resigna, sino con la alegría que triunfa, a enseñar al mundo cuán amable es vuestra voluntad, sobre todo, cuando crucifica; cómo el deseo de agradaros entusiasma, especialmente, cuando inmola”.

2º JESÚS TRIUNFA, PORQUE VA A DARNOS LOS DOS MÁS GRANDES TESTIMONIOS DE SU AMOR: EL UNO EN LA CENA, haciendo el Sacrificio y el sacramento de su amor; EL OTRO EN EL CALVARIO, muriendo por nosotros. Desde largo tiempo deseaba el uno y el otro con un ardor increíble. El momento tan deseado llega; tanta felicidad bien vale una marcha triunfal; yendo a la Cena, es un buen padre, que va, lleno de alegría, a legar a sus hijos la más rica herencia; yendo al Calvario es un Rey Salvador, que va entrando en combate con los poderes infernales, con el mundo, la carne y el pecado. Le costará toda la sangre de sus venas, su vida misma; ¡Eso nada le importa! A este precio nos salvará, queda contento y por eso triunfa. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá a este divino triunfador y no clamará con todo el pueblo: ¡Hosanna al hijo de David!?

3º JESÚS TRIUNFA, PARA ENSEÑARNOS EL PRECIO DE LA CRUZ Y DE LOS PADECIMIENTOS. El mundo hace consistir la felicidad en alegrías que pasan, en honores que se desvanecen. Para vencerlos, Jesús huyó cuando se le quiso hacer Rey. Se retiró a solas cuando quiso transfigurarse, y cuando se le presentaron regocijos, se ocultó; pero cuando se trató de verse humillado y de padecer, “¡Ea, vamos adelante!” —Exclamó—; “La Cruz me espera; es mi gloria, iré a buscarla en triunfo; la llevaré sobre mis hombros, como ha dicho el profeta”. ¡Hermoso ejemplo, que ha hecho correr a la muerte a dieciocho millones de mártires, entonando cánticos de gozo! ¿Cómo, después de esto, colocaremos nuestra gloria en la reputación; nuestra felicidad en los placeres; nuestra vergüenza en las humillaciones, en lugar de decir con el Apóstol: “Me complazco en la humillación, en la persecución y en los padecimientos por Jesucristo”?

PUNTO SEGUNDO
- CARACTERES DEL TRIUNFO DE JESUCRISTO

1º ESTE ES UN TRIUNFO HUMILDE Y LLENO DE MANSEDUMBRE. “Hija de Sion, dice el Profeta, tu rey viene a ti humilde y pobre; pero con una bondad arrebatadora, una dulzura inapreciable”. Es tan humilde, que ha elegido a los pobres y a los niños para cantar sus alabanzas; es tan manso, que no opone sino palabras suaves al orgullo de los fariseos, que le piden haga callar las aclamaciones de la multitud. Por esta humildad sencilla, por esta mansedumbre siempre igual se reconoce al Rey de los reyes, y éstos son también los rasgos por los que han de conocerse sus discípulos.

2° EL TRIUNFO DEL SALVADOR ES FIGURATIVO DE LAS DISPOSICIONES CON QUE NOSOTROS DEBEMOS ACOGERLE CUANDO VIENE, EN LA SAGRADA COMUNIÓN, triunfante de amor, a nuestros corazones. Esas vestiduras tendidas por tierra bajo sus pies, figuran el despojo de los malos hábitos de que nuestra alma está como revestida. Esas ramas de árboles con que el pueblo cubre el camino figuran el desasimiento de los mil deseos, apegos y voluntades propias que Nuestro Señor pide que se le sacrifiquen. Esas palmas que llevan en las manos representan las palmas de victoria que debemos alcanzar sobre nuestras pasiones y ofrecer al Salvador en cada Comunión. En fin, los cánticos de triunfo que resuenan alrededor son el símbolo de los santos transportes de gozo con que debemos acogerle a su llegada a nuestros corazones. ¿Son éstas las disposiciones que llevamos a nuestras Comuniones?



—Tomaremos en seguida la resolución 
1º De renovar en nosotros el deseo de agradar a Dios, aun cuando esto nos crucifique;
2º De hacer mejores nuestras Comuniones, recibiendo con alegría a Jesús en nosotros como a triunfador que viene a tomar posesión de todo nuestro ser. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras del Profeta: “Decid a la hija de Sion: ‘Mira que viene a ti tu Rey, lleno de mansedumbre’”.

Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962


ORACIÓN FINAL



No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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